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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Primer relato sin final definido

EL PELIGRO DE ENAMORARSE - Relato corto de Francisco Campos Rojo

Las frases surgen a raudales como sombras amenazadoras. Percibo risas sarcásticas, agónicos lamentos. Confundo los personajes. Me parecen tan reales, tan humanos que no logro distinguir al gánster, del policía, al asesino, del inocente, a la bella, de la prostituta, al loro observador, del búho parlanchín, así como su diversidad de sentimientos, de los míos propios. No, no el búho no habla… ¡Bah! Qué más da. Mis ojos me engañan, difuminan ideas, conceptos. Sin embargo, después de beber un buen sorbo del whisky barato que me puedo permitir, darle una honda bocanada al cigarrillo, a medias tostado, posado sobre al borde de mis labios caídos, que me hacen lagrimear, y estirar un poco los músculos del cuello, los pensamientos se aclaran y comienzo a escribir: “El hedor a petróleo quemado, se esparce como gas tóxico en la sombría madrugada del puerto. Es una infame noche de lluvia fina que cala hasta la gabardina negra que cubre mi débil cuerpo. La espesa bruma que no parece remitir, me hace confundir formas, edificios: un mercante allí, un carguero allá, contenedores amontonados, infinitas grúas, hileras de almacenes, la lonja, varios furgones detenidos que distingo bajo la luz de las farolas que se agitan con el viento, el neón rojo y verde decolorado en la fachada principal del puticlub, por donde presumiblemente asomarán sus cabezas, y sus lujosos coches aparcados cerca de la esquina donde me encuentro, conforman el retrato de esta negra madrugada de incertidumbre. Aguardo el ensayado silbido, ese característico silbido que al parecer solucionará mis problemas, que como espadas de Damocles penden sobre mi cabeza, pero la noche es tan aciaga que quizás se hayan arrepentido de sus promesas tomadas en caliente. Entretanto, me pregunto qué hago aquí, en mitad de la vida y la muerte, con dos gin-tonic de más, fumando un cigarrillo tras otro. Nunca me dijo que me amase, quizás lo hizo en agradecimiento. Pero esta encrucijada será la prueba de fuego. Si me ama, si desea estar conmigo, tratará de salvarme repudiándome. Si no, no le importará que muera, ni a mí tampoco. Para qué querría vivir ya… En el escalafón de la banda, en la escala de la vida, soy de los últimos. Desde los veinte años siempre he estado hundido en la miseria de la imbecilidad más profunda. He sido un matón, un miserable; nunca fui nada, ni supe jugar mis cartas, ni enfrentarme a nadie sino con un revolver entre mis manos. Pero aquí me hallo, tratando de reflotar mi perdido orgullo, pensando que será la última vez o intentando ser valiente para merecer una quimera. ¡Oh! ¿Por qué me enamoré, por qué estoy dispuesto a morir o por qué hago esto por ella si probablemente me abandonará en cuanto la salve de las garras que la aprisionan? Una noche, un lance de juego, una mala bebida, el alboroto, los disparos, la huida. ¿Por qué la llevé a mi casa, por qué? ¿Cómo me dejé enredar? ¿Acaso me hechizó? Fueron cinco días maravillosos… cinco días hasta que ella decidió bajar por aquella botella. Luego, la paliza, la soledad, los deseos de venganza. Es tan irresistiblemente seductora, tan guapa, tan… que como una orgía de sentimientos invade mis entrañas apoderándose de mi entera voluntad… De repente aparece uno de ellos, aprieto mi arma, la saco de mi bolsillo… Por todos los… ¡Quieto! Es un camarero que ha salido a fumar ¡El silbido! No lo he oído ¿Estaré solo? Amigos, algunos fieles, otros villanos, prometen pero… ¿Por qué no han llegado? Sé que uno de ellos quiere arrebatármela. Sé que… pero la amistad tiene sus propios límites, si le pone la mano encima… ¿Me habrán abandonado? ¿Tendré que enfrentarme a todos ellos con ésta pistola del rastro? ¿Funcionará? Espero que no tenga que emplearla ¡Alguien sale! ¡Es ella, chilla de dolor! La arrastra del brazo el Tuerto… sus acólitos lo siguen… son seis, ocho, diez… putas, pistoleros ¡Viene en mi dirección! Mis ojos se ciegan de ira, el corazón late acelerado… ¡No, no lo permitiré…! ¡Alto Tuerto! ¡No te la llevarás, antes tendrás que matarme! grito situándome en mitad del malecón mientras le apunto trémulo con mi arma que contiene doce balas, porque no tenían más. ¡No, Eduardo! clama ella… Entonces escucho un leve chasquido…” ¡Jo! Esa oración me gusta pero… ¿cómo acabarla? ¿Cómo salir de esa situación? Le doy vueltas y vueltas a los párrafos siguientes, reescribo, leo, corrijo, tacho, anulo, pero no consigo el suspense, ese éxtasis final que llene al lector de las misteriosas expectativas, que todo escritor anhela después de idear pasajes a priori interesantísimos, pero que una vez transcritos al argumento resultan, en conjunto, un pavoroso fiasco. Releo lo redactado desde el principio tratando de centrar las tramas y a esos seres inseguros y contradictorios salidos de mi imaginación. Tacho alguno, modifico a otro su personalidad, pero los demás parecen escapar a mi control creando universos paralelos que desvirtúan la línea principal. ¿Es acaso el cansancio? Son anárquicos, toman atajos imprevistos, se revelan; se desarrollan al margen de la lógica fábula estructurada. ¡Anula a ese, es innecesario! me dicta mi mente. No aporta nada a la historia que quieres narrar. ¡Bufff! Menos mal, en el último segundo le he dado un giro inesperado a la frase, he conseguido salvarlo, y ahora es muy útil; canaliza los sentimientos del dubitativo protagonista. Mientras avanzo y avanzo, las ideas se esfuman cada vez más, mi punto débil es el agotamiento mental, pero he de acabar este capítulo porque de lo contrario, a la luz del día mi visión del relato sería completamente distinto; tendría que trastocarlo otra vez. ¡Ufff! Escribir es ansiedad, dolor, sueño, vida, inquietud, pesimismo, desilusión… como una convulsión cerebral cercana a la locura… Sufro, río o lloro con cada uno de los personajes. Si sus corazones se aceleran el mío también. Si dudan, se alarman, sudan o tiemblan, de igual forma lo hago yo. Oh, pero… ¿qué sucede? Tipejos borrados regresan, cobran vida, aparecen en los momentos y pasajes más inesperados. Salen de la pantalla, orbitan sobre mi cabeza, sus usurpadores caprichos alteran la historia que quiero contar. ¿Por qué? No lo entiendo. Me siento cansado, muy cansado, sin apenas ideas propias. Al fin logro seleccionar algunos, los tachos, los anulo pero… ¡No! Entre los fardos del muelle se ha escondido aquel… ¡Síguelo! Quizás te conduzca a ese final tan deseado… Mi corazón palpita acelerado, es el siempre conflicto incruento, entre el bien y el mal, entre mediocridad, vulgaridad, originalidad, realidad, ficción y pragmatismo. ¿No será excesivamente largo este libro? me pregunto a veces. En principio era un cuento, después una novela negra corta, ahora, de no cortarle las alas a esos individuos inmateriales, sería un mamotreto con demasiados actores que escaparán a mi censura y revisión. Repentinamente uno de los personajes surge de la pantalla. Es como un misterioso halo de fuego que sobrevuela la habitación en círculos inauditos. Un fantasma incorpóreo, gris, blanco, semitransparente, al que sigo un tanto mareado. ¡Es vapor, humo, brillo, fulgor! Un serpentino, alargado e interminable ser, carente de brazos y piernas. Un rostro amable que me turba, sonríe, rodea, envuelve, emborracha mis sentidos… ¡Oh, no! Se acerca a mí acariciándome con suavidad, siento su calor, su aroma, su frío… cambia, muta, enarca las cejas, se encara conmigo. Enojado, me llama idiota, torpe, estúpido. Su olor me confunde, siento dolor de cabeza, mi vista lo sigue, pero él oscila por la habitación como si fuese una grisácea pavesa a merced de una ligera brisa. Seguidamente me rodea otra vez, ahora es muy agradable, parece hablar, me dicta al oído frases hermosas sugiriéndome un final, romántico y maravilloso, que resuelve la disyuntiva trama final del capítulo. Entonces, nervioso, muy nervioso, tecleo frases que me sugiere:

¿Eres tú, querido lector@, ese etéreo fantasma que salta de la pantalla y le susurra al escritor ese final alternativo?

¿Serías capaz de escribir ese desenlace? Envíamelo, los tres mejores serán publicados a vuestro nombre en este blog.

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